Pedro Fernández Reyero, nació en
Renedo del Valdetuejar (León) el día 29 de Septiembre
de 1936.
Comenzó el noviciado en Palencia, en el
año 1954, estudió la Teología en san Esteban en Salamanca
y fué ordenado sacerdote en Abril del 1964.
Terminada su carrera eclesiástica,
preparó la licenciatura civil en Filosofía y Letras al tiempo
que ejercía de profesor en la Universidad Laboral de Córdoba.
Tuvo varios destinos y ganó dos cátedras:
la de Historia de la Filosofía y la de Filosofía de la Educación.
Apasionado por todas las ramas del saber- las letras las ciencias y las
artes y dotado de una poderosa inteligencia, puso sus profundos conocimientos
al servicio de su ministerio sacerdotal y de la predicación de la
palabra. Encontró su camino en la espiritualidad de la Renovación
Carismática que conoció en el año 1982 y a la que
amó y se entregó con fidelidad. Dominico de vocación
y de corazón vivió su existencia ungido por los grandes carismas
de su Orden: el amor al estudio, la búsqueda de la verdad. la libertad
de espíritu, la comtemplación y la predicación de
la gracia. El día 18 de Julio de 1999 fue su pascua al Padre.
Ahora después de su muerte se están
escribiendo muchos libros sobre él, su vida y sus enseñanzas,
Como "Los dones del Espíritu Santo
en la espiritualidad del Padre Reyero, O.P.
por Mª Jesús Casares Guillen. Pedro
Reyero O.P. por fr.Chus Villarroel, O.P.
Su palabra se extendió casi por toda España
y fuera de España.
Y retornará de sus raíces un vástago, sobre Él reposará el Espíritu de Yahvé, Espíritu de Sabiduría e Inteligencia, Espíritu de Consejo y de Fortaleza, Espíritu de Entendimiento y de Temor de Yahvé, y su respirar será el Temor de Yahvé. Palabra de Dios.
Queridos hermanos vimos ayer como somos servidores de la vida de Dios, en nosotros mismos y en los hermanos, porque la vida de Dios se ha manifestado, se ha hecho visible, no solo en la Virgen María, se ha hecho visible en cada uno de los ungidos por el Señor y su presencia, sabemos que esta encarnación del Verbo en cada uno de nosotros sucedió el día de nuestro Bautismo, pero vivimos unos años como bastante inconscientes de ello, aunque la semilla dice el Evangelio crece por su cuenta, pero bastante inconsciente del milagro que había en nuestro propio corazón.
Y en esa situación viven infinitos cristianos, todavía no han descubierto el milagro de Dios Encarnado, en ellos, en el hombre. A nosotros se nos concedió la gracia de la Efusión del Espíritu Santo, que consiste en que esa gracia de la Encarnación de Dios en nosotros, por la unción del Espíritu Santo se iluminó y hubo un momento en el cual, se nos dio la enorme gracia de la iluminación de Dios; que al ser iluminados de una manera ten preciosa en la Efusión del Espíritu Santo, nuestra propia carne sintió el gozo, la alegría maravillosa de decir "DIOS ME AMA", y me ama hasta el extremo de vivir en mí. Esta es yo creo la experiencia primera que todos hemos experimentado en la Renovación Carismática, de ahí un tiempo de una alegría, de un gozo, de una alabanza, de un sentirse amados por Dios, de una ternura que nacía de nuestro corazón, y de un gozo que nos podía, nos podía, no podíamos vivir separados unos de otros, no podíamos no alabar a Dios, no podíamos no dar testimonio de esa experiencia tan enorme de la Encarnación de Dios en nuestra historia de Dios que se hizo visible, y esta etapa de nuestra vida espiritual pues todos la hemos vivido, al pasar los años, todos parece como que la añoramos, la añoramos; y se predica muchas veces eso de volver al primer amor, pero vemos que eso es una primera experiencia, la que dicen los padres de la Iglesia, sucede en el Bautismo, sobre todo cuando bautizaban adultos.
Cuando leemos los padre de la Iglesia, en el Bautismo de adultos la llaman "Iluminación". Pues bien esa "Iluminación" de Dios es la que tiene que seguir iluminándonos, para que esa vida crezca, y sabemos que en Dios se identifica la luz, el amor, la vida, por eso Dios tiene que seguir iluminando nuestra propia vida, para que crezca. Ayer hablábamos de la flor que nace, de la vida que nace, nosotros nos damos cuenta y lo reconocemos, pero es que esa flor tiene que crecer, tiene que crecer, y para que crezca esa vida, para que crezca esa flor Dios tiene que seguir iluminándola, tocándola. Y esa iluminación de Dios va produciendo en nosotros un efecto curiosísimo, que mucha gente no tiene luz para discernirlo, pero que para eso precisamente están los servidores, o deben de estar, y es que Dios cuando va iluminando en el proceso de la fe, en el proceso del crecimiento de la vida de Dios, se produce en nosotros cada vez, una mayor experiencia de pobreza, de inutilidad, de tal forma que los santos cuando son verdaderamente santos, son los que nos hablan de una experiencia de nada tan enorme que a uno le espanta; ¿cómo es posible que santa Teresa, santa Teresita del Niño Jesús, que san Juan de la Cruz, que santo Domingo de Guzmán, gimieran, gimieran ante el Señor por su pobreza, por su pecado, se sentían terriblemente pecadores, es decir se sentían terriblemente pobres, ¿porqué?; esto bien discernido significa que la luz de Dios, estaba tan cerca de su pobreza, que estaban totalmente iluminados, que la cercanía de Dios tocando la vida de esas personas era una vida absolutamente cercana, identificada, pues bien Dios cada vez que se acerca mas a nosotros, el sentido de que cada vez nos transforma mas, transforma lo que somos, transforma nuestra pobreza.
Para transformar nuestra pobreza amada en el Amado, transformada, de que nos habla San Juan de la Cruz, tiene que iluminarla y la ilumina de tal manera que la experiencia nuestra es de que cada vez vamos peor, la experiencia nuestra de que cada vez somos mas pobres, la experiencia nuestra es de que cada vez somos mas débiles, incapaces de todo y esta experiencia que se refleja en nuestra carne, a muchas personas les despista totalmente en la vida espiritual, creen que Dios no les quiere, creen que Dios no está cerca de ellos, ¿cómo es posible que yo esté pasando por lo que paso si Dios es mi Padre?, ¿cómo es posible este sufrimiento y este sentimiento de inutilidad, este vacío, este vacío de todas mis facultades que no entiendo nada, que no veo nada, que estoy como perdido?, ¿cómo es posible que esto suceda en mi vida, si yo en realidad lo que estoy descubriendo es la cercanía de Dios, amor de Dios, la profundidad de Dios?, ¿cómo es posible que sé de esta contradicción tan fuerte en mi corazón?, pues bien yo veo que la gente en este momento en la Renovación, está pasando por estas situaciones, especialmente en los que empezaron hace pues un montón de años, Dios ha ido profundizando en ellos, Dios en su presencia se ha hecho más cercano,, cuando la luz se hace más cercana del hombre, el hombre queda iluminado de una forma tan fuerte que hasta se asusta de sí mismo,
baja Dios hasta nuestros abismos, la luz ha venido y viene a las tinieblas, y cada vez que Dios profundiza mas en nosotros, la santidad de Dios nos toca mas, nos ilumina mas, aparecen de una manera mas onda nuestras propias tinieblas, nuestros propios infiernos, aparecen esas raíces ondas que afectan a la biología del ser humano, y que es una herencia que tenemos y que llamamos así como muy sencillamente, PECADO ORIGINAL, pero que el pecado original es algo tan terrible y tan real y afecta de tal manera las raíces profundas del hombre, que en las escrituras se le llama nuestros infiernos, de hecho aparecen en los momentos que Dios toca la raíz de soberbia de nuestra vida, pueden aparecer mas reacciones de soberbia en nuestro corazón, de protesta, tan terrible que uno se asusta de sí mismo. ¿Pero cómo es posible que yo sea tan soberbio después de tantos años en el servicio del Señor?, o aparecen mas raíces de envidia que nunca había detectado uno, que tenía en él yo, ¿envidioso de que, de quién?, cuando Dios toca y baja a ese infierno de la envidia que es la cara, digamos como opuesto de la soberbia, de la autosuficiencia, entonces lo ve, lo experimenta, porque la luz de Dios toca, la luz de Dios toca, la luz de Dios quema, la luz de Dios purifica, y cuando está tocando la luz de mi soberbia o de mi envidia o de mi pereza o de mi lujuria, aparecen ahí verdaderos infiernos, aparecen realidades en el hombre, en mi propia carne de las cuales yo me asusto, me asusto hasta tal punto de que yo veo que en la Renovación, cuando Dios nos iluminaba por primera vez en la Efusión del Espíritu Santo, y que iluminó pues las zonas casi en general, en general; las zonas pobres de nuestra vida, dábamos testimonio de ello con toda sencillez, pero yo me doy cuenta de que cuando baja a profundidades muy profundas, veo que mis hermanos de mi grupo no dan testimonio de eso; nos da miedo dar testimonio de eso, en parte nos da miedo porque después de tantos años en la vida espiritual tengamos que decir entre los hermanos la enorme soberbia que aparece en mí, o la enorme envidia que aparece en mí, decir eso, decirlo en serio iluminado por Dios, visto a la luz de Dios, para el hombre supone una humildad tan impresionante que no la tenemos, no la tenemos, y vemos como poquito a poco vamos viendo que damos testimonio de cositas, que están bien, pero yo estoy cansado de oír a la gente siempre lo mismo, pero son los que se han curado trescientas veces de una rodilla, doscientas veces del pie derecho, trescientas veces del codo izquierdo, ¿ pero dónde está el testimonio de que Dios bajó a tus infiernos?, que eso es la santidad de Dios, que eso es el amor de Dios tocando tu infierno, ¿dónde está eso?, ¿dónde está?. No nos atrevemos, y no nos atrevemos porque no podemos, porque para el ser humano, para el ser humano aceptarse así es algo tan tremendo que no lo puede soportar ni el mismo, de tal manera que si fueseis confesores, cuando la gente de la Renovación viene a confesarse, y ahí se supone que estamos en el terreno de la gracia y del perdón de Dios, para expresarse, pues uno escucha esta enormidad del amor de Dios tocando las tinieblas del hombre, ahí si se expresan, y se expresan asustados o culpabilizándose a si mismos, o diciendo cada vez voy peor, estoy perdido en la vida espiritual, cada vez entiendo menos, cada vez valgo menos, antes tenía por lo menos alguna experiencia de Dios, es que ahora no tengo nada; Dios está tocando todas las facultades sensibles y las ha anulado, las ha anulado para que la fe crezca, para que la confianza crezca, y este proceso de Dios en nosotros, pues es tan fuerte y es tan poderoso que nos impida hablar hasta de Él, en parte porque no lo entendemos, porque es como una contradicción el experimentar ese enorme sufrimiento, con que es purificada la carne, que es la Cruz de Cristo tocando tu carne; eso es de lo que estoy hablando la Cruz de Cristo tocando tu carne para transformarte, y es una contradicción para la carne que Dios sea mi Padre y me esté crucificando, me esté quemando, me esté pues poniendo digamos a la plancha, me está pasando por el fuego, del que habla Elías y del que habla San Juan de la Cruz, y del que hablan todos los santos, es una contradicción, y esta contradicción que la carne siente, es todavía peor cuando es tentada por el que tiene como misión el hacernos ver que Dios no nos quiere. ¿Cómo es posible que tú sigas predicando cuando ves que no tienes nada, ¿cómo es posible que Dios te siga amando?.
Pues evidentemente hay un tentador que todos creemos en él, porque lo experimentamos, que tiene como misión el hacernos ver: "¡ves Dios no te quiere, Dios no te ha elegido, Dios está lejos de ti, Dios te ha abandonado!, y entonces que hace este señor con nosotros cuando nos tienta de esta manera, ¡impedir que seamos transparentes, impedir que ejerzamos los Carismas, impedir que la misión que Dios nos dio la ejerzamos!, pues con toda confianza aunque sea de noche como dice San Juan de la Cruz, ¡qué bien se yo domá a la fonte aunque es de noche!, pero es que es de noche en muchos de nosotros, es un despiste impresionante lo que produce, es una desorientación espiritual enorme, y pues muchísima gente en la Renovación Carismática ya hace como diez o doce años, que empezó el Señor a hablarnos de pobreza, a revelarnos el misterio de esa pobreza, a revelarnos que en esa pobreza hemos de vivir, y el Señor nos lleva a vivir en ella, y por eso la ilumina cada vez mas, y para eso permite nuestras debilidades, para que no nos salgamos de ella, que si nos saliéramos de la pobreza nos saldríamos de Dios, ¿entendéis bien?; Si nos salimos de la pobreza, nos saldríamos de Dios, estaríamos en el terreno de la autosuficiencia, y por eso vimos ayer como Habrahán el padre de la fe, le tubo Dios veinte años esperando a Isaac, y ¡aguántate esa pobreza veinte años, y aguanta que Dios te dice que yo te quiero, que yo te doy un hijo pero no viene!, y vivir en esa pobreza de modo permanente, sin desesperarnos, sin desconfiar de Dios, aceptándonos a nosotros mismos como somos, eso es lo que hace la iluminación de Dios, cuando nos transforma. Necesitamos un don del Espíritu Santo para poder aguantar esa pobreza y aceptarla con confianza, no desesperarnos y no tirar la toalla como dice San Juan de la Cruz, y marchar monte abajo perdiéndose la santidad, vida de Dios en nosotros; yo conozco mucha gente que por no tener discernimiento, no estar bien orientados en este proceso de la vida de Dios, santidad de Dios que baja a nuestros infiernos, y que tiene que bajar para transformarnos del todo, ¡para transformarnos del todo!, pues han dejado la Renovación, la vida espiritual
porque cada vez se ven peor, y no han tenido una palabra de luz y de discernimiento para decirnos como nos decíamos al comienzo de la Renovación algunas personas, a las que Dios dio esa experiencia terrible de su propia pobreza, a veces en depresiones como en mi caso y otros casos semejantes. ¿Cómo estás?, ¡yo, perfectamente, es decir perfectamente mal!, era la contestación normal de cierto tiempo en la Renovación, perfectamente mal, es decir perfectamente bien, entender esta contradicción añadida la tentación del enemigo que nos hace ver: "ves como Dios no te protege, no ves que es una imaginación tuya lo que crees que estás haciendo, no ves que lo que creces en santidad es un cuento, porque cada vez te ves peor" por aquí anda el noventa por ciento de la Renovación que yo conozco, y en muchos caso como ovejas sin pastor, ¿lo entendéis?, ¡como ovejas sin pastor!, sin una palabra de discernimiento que les diga "tu situación es perfecta, Dios en ti está haciendo esto, los defectos que se notan en tu carne son estos" y la presencia de Dios en el hombre está claro que iluminando al hombre, pues el hombre se ve cada vez más pobre a la luz de Dios, lo cual es fantástico, porque si nos viéramos absolutamente pobres a la luz de Dios, Dios sería todo nosotros, y nosotros no seríamos nada, lo cual significa la santidad plena.
¿Queréis ver un ejemplo?, ¡ pues leer el texto del Bautismo de Jesús!, Jesús se atrevió, ¡se atrevió!, a manifestar ante los demás, todos los abismos de que es afectado el hombre, los abismos del pecado, los abismos de pobreza, porque imaginaros, es Dios y se pone a la cola de los pecadores, como uno más, y dice públicamente, "yo soy esto, yo soy un pobre". ¿Queréis ver otro ejemplo?, pues nos dice en la crucifixión fue crucificado, le quitaron sus vestidos, absolutamente desnudo en lo humano y en lo interior, ¿Padre, porqué me has abandonado?, ¿habéis pensado bien esto los servidores?, lo dice mucha gente, lo dicen muchas personas de nuestros grupos, ¿porqué me has abandonado?, pero a continuación oímos: "en tus manos yo me abandono", ¡veis, la absoluta pobreza!, clama a la gratuidad del amor con que Dios nos ama, y le da el don de confiar, pero la condición de Jesús en su muerte fue: "¿Padre porque me has abandonado?".
Dios ha de bajar a nuestras profundidades para librarnos de ellas
Esa sensación de abandono de Jesús, o esa imagen de Jesús que va a ser bautizado, y fue contado entre los pecadores, dice Isaías, son las imágenes más perfectas para nosotros de cómo hemos de vivir toda nuestra vida, manteniendo esa pobreza cada vez mayor, a la luz de Dios, porque quién manifiesta nuestra pobreza es la grandeza y la luz de Dios, que viene a purificarla, a amarla, a enriquecerla con su riqueza, de tal manera que la pobre amada, o la amada pobre del Cantar de los Cantares, negra, desvencijada como las Tiendas de Quedar, es habitada nada menos que por el Dios Altísimo. Para que Dios transforme nuestro ser ha de bajarlo y ha de iluminarlo hasta profundidades que nosotros las experimentamos, pero que nos dan miedo hasta hablar de ellas. Cuando Santa Teresita dice poco antes de morir: "no dejéis ningún instrumento que pueda herir cerquita de mí", ¿qué está diciendo?, está hablando de la desesperación total de su carne, ¡de su carne!, es decir está hablando de la irrupción total de Dios en su carne. La sicología humana es la que traduce a Dios, Dios en nosotros tiene que expresarse y tenemos que experimentarlo a través nuestra sicología y explicar esa sicología y el paso de Dios por ella es una sabiduría que los servidores en la Renovación tendremos que aprender, y tendremos que ir dando luz y discernimiento a los que van por el camino y están necesitando de esa palabra, no, de decirles que hay que hacer muchas cosas
que eso es muy fácil de decir y eso es muy fácil de proponer a los grupos, ya que no vamos a lo profundo vamos a hacer cosas, ¡No!, la tarea del servidor, es de servir la vida de Dios, y el crecimiento de la vida de Dios, en los demás y en uno mismo, y esto lleva a tener sabiduría sobre eso, ¡a pedírselo al señor!.
¿Quién nos dará esa sabiduría, para nosotros mismos y para los demás?, pues está claro que ya la tenemos dentro, ¡fijáos!, parece una contradicción, ¡ya la tenemos dentro!, porque la teología nos dice que con el Bautismo, con la vida de Dios se nos dan los dones del Espíritu Santo y para esta necesidad, y para entender el proceso de la santidad y del crecimiento de Dios en nosotros y de nuestro decrecimiento, que Jesús en la escritura lo dice muy claro: "el que quiera crecer que decrezca", "el que quiera la vida que la pierda", a esto le llama Isaías "don de Temor de Yahvé".
El primer don, el primero, el que es la base del edificio espiritual, es el don de Temor de Yahvé, que lleva consigo la humildad, lleva consigo la aceptación humilde de nuestra propia pobreza, humildad viene de "Humus", viene de tierra, viene de impotencia, viene de debilidad, pues bien dice aquí que el mismo Jesús necesitó este don para poder soportar, soportar con alegría su propia pobreza.
Sobre Él reposará el Espíritu del Señor, Espíritu de Temor de Yahvé, y lo dice dos veces, este don lo nombra dos veces, en la traducción que me gusta mucho de NACAR COLUMGA, dice "respirará", es su respiración, la respiración de Jesús, que sabéis que para los hebreos respirar es amar, la respiración es respirar juntos es amarse, Jesús respirará ¡que!, con el Padre; respira con el Padre. Yo respiro desde my pobreza y acojo todos los días el don que Tú me das, la palabra que Tú me das, los hechos que Tú me das. ¿No dice Jesús mi palabra no es mía?. ¿No habéis pensado lo pobre que era Jesús en la palabra?, mi palabra no es mía, dice: "las obras que yo hago, no las hago yo, me las dan". Jesús fue pobre absoluto; el que no tenía nada, el que se mantuvo toda la vida en absoluta pobreza, pero claro esto tiene un secreto, el que se mantiene en absoluta pobreza, tiene que vivir, vivir necesariamente cada día de Dios. Dios es la gratuidad para el pobre, en la escritura esto está tan claro ¿verdad? es la gratura para el pobre, todos los días así. Jesús acogiendo todos los días, esto lo vemos en Jesús desde su bautismo, hasta su muerte, pero yo un día pregunté al Señor: ¿y en Nazaret era igual?, porque lo que vemos en la Escritura está claro, que vivía del Temor de Yahvé, vivía de la gratuidad de Dios y Él no necesitaba no ser mas que pobre. Pues bien yo le pregunté al Señor eso: ¿ Y también en Nazaret fue así?, y un día saliendo de Alcalá hacia Madrid, según salía, me vino una imagen clara, clarísima de Nazaret. Yo lo conozco muy bien, la calle central de Nazaret y el pueblo estaban absolutamente vacíos, y en el centro de la calle un niño de unos quince años o así, de espaldas a mí estaba con las manos así ( manos levantadas hacia arriba), era la imagen que yo vi, y en aquel momento ¿qué hacía ese niño?, pues a mí me lo dio el Señor en un canto en lenguas en hebreo, yo el hebreo le conozco. Era un canto, era muy difícil de describir, era un canto del niño pobre que no puede vivir sin su padre, ¿me entendéis?, no puede, tiene una especie de soledad de añoranza, impotencia, que es que le resulta imposible vivir en este mundo sin su padre, no puede.
y en ese canto estaba expresando pues todo ese deseo de su corazón de ser amado, de ser acogido, de que le acompañase, porque se sentía en este mundo en una enorme soledad. La pobreza del hombre la entendí yo en Jesús como soledad, necesidad del padre, así media hora hasta llegar a Madrid. Una cosa unos sentimientos interiores de Jesús respecto de su Padre tan enormes, no se pueden describir, yo por lo menos no puedo; bueno yo entraba a Madrid y así iba yo preocupado: "cuando pase el semáforo este", no podía más ¡esto sigue!, era un canto que no podía evitar de ninguna forma, salía y salía, bueno al llegar al primer semáforo se ve que el señor tubo compasión y vergüenza y se cortó. Entonces me di cuenta como Jesús asumió ser totalmente pobre ¡ para que?, para glorificar a aquel que le daba todo; que delicia que alguien a quién yo amo sea glorificado, que delicia que el que me da todo, la gloria sea toda para Él.
¿No recordáis el Evangelio de Juan cuando dice Jesús: "yo no quito a mi Padre la gloria, yo no busco mi gloria, busco la gloria del que me da todo" si me lo da bendito sea, que la gente le alabe y lo bendiga y sabéis que cuando Jesús, el Padre le daba hacer un milagro, ¿qué hacía?, echaba a correr, se ponía colorado cuando le decían "que maravilla le hacemos rey", desaparecía, no podía soportar eso, porque quitaría la gloria a aquel que le daba todo. La delicia del pobre es que soy feliz en mi pobreza, porque desde ella alabo y doy gloria al que ama mi pobreza, al que me da lo que necesito, al que refleja el amor infinito de mí, y por eso Jesús es la gran revelación del amor del Padre.
Este esquema de vida es por donde el Señor nos lleva personalmente y lleva a la Renovación y yo creo que en este momento, especialmente los grupos que empezaron hace años, y estamos en este proceso donde el Señor cuando nos ilumina, pues que el hombre se acepta así mismo, es que es imposible es que nos hace daño, es que nos llega a desesperar. Veis como la gente en este mudo, gente a la que conocemos le desespera tanto su pobreza que llega a suicidarse, porque la pobreza no aceptada puede llevarte al suicidio, y vemos que este momento del mundo eso es un fenómeno que está sucediendo de modo casi masivo ya, ¿no es así?, este es un signo de Dios para nosotros. ¿Porqué se quiere suicidar la gente?, ¡porque no soporta su pobreza!. Uno de los extremos es el suicidio, el otro la desesperación; nos desesperamos, nos vemos tan mal que vemos como que Dios nos haya abandonado, y el otro extremo es el abandono total en las manos de Dios; en tus manos pongo mi alma, pongo mi espíritu. Entre el suicidio y el abandono hay una gama enorme de actitudes, entre las cuales, están seguramente las nuestras. Esta situación es la situación real de las personas, la situación real de los grupos, y yo me imagino que a estas alturas de estas alturas de esta enseñanza ya sabemos que tenemos que pedir para nosotros y para nuestros hermanos, que este don del Espíritu Santo, sea tan poderoso que experimentemos la alegría de ser pobres porque en ella glorificamos a quién nos ama y a quién queremos amar. Llegar a esta alegría a este gozo, eso que predicaba tanto San Francisco, hasta la hermana muerte y vivir en paz con el dolor que también lo decía, es el fruto del don del Espíritu santo, de este don primero es el fundamento de la vida espiritual. Si este don brotara mas en nosotros, lo pidiéramos mas, yo estoy convencido que el compartir de este momento, en los grupos de la Renovación, estaría a un grado de profundidad tan enorme de gracia de Dios que nos devolvería la alegría primera del primer amor, pero una alegría purificada, una alegría crecida que ahí es donde quiere llevar el Señor a la Renovación, ¡ahí, no a otro lugar!. Yo estoy tan convencido de esto que cuando Dios me da la gracia de poder compartir con alguien, pues abismos muy serios, ¡muy serios!, que no se dicen fácilmente, no se pueden decir; o Dios te da la humildad para poder hablar de tus heridas profundas, de las marcas profundas que el pecado deja en la naturaleza humana cuando llegas a esas profundidades y eres capaz de compartirlas por el don del Espíritu Santo surge como un hombre libre por dentro, un hombre interior que de pronto se siente libre que está como si estuviera atado, atado por esta impotencia de expresar lo que realmente Dios está haciendo en él; si fuéramos capaces de expresar lo que Dios está haciendo en nosotros, por este camino, ¡por este camino, no por otro!, no por el camino de las historietas ni grandezas, ¡no!, ¡no!, ¡por este!, que es un camino seguro dice Santa Teresa, el único, si fuéramos capaces de compartirlo como hermanos, y de orar unos por otros en serio, para poder vivir eso, surgiría un crecimiento tal que estaría lleno de gozo, de esperanza, de esos frutos de la Resurrección de Jesucristo, que se manifiestan cuando el hombre crece y va siendo cada vez mas libre.
Cuando van desapareciendo de su corazón, las tinieblas y va entrando la luz hasta los infiernos a los que Dios viene, para sacarnos, para liberarnos de nuestros propios infiernos; solamente he visto una persona en la Renovación, que cuando el Señor le reveló esto, en un retiro me preguntó en público, era una señora que estaba preocupadísima: ¿qué significa, cuando decimos en el Credo, Dios descendió a los infiernos?, ¡pues que Dios descendió a tus infiernos, porque te amó en tu infierno!, cuando esta mujer lo acogió así, dio un testimonio tan impresionante, que todo el grupo estaba llorando, ¿pero no os dais cuenta que me amó en mis infiernos, que Él siendo Dios bajó a mis infiernos?, a lo más pobre de mí y que ahí me amó, estaba alucinada, no sabía nada mas que decir eso, era un ser, al que había tocado el nacimiento de Dios, la Encarnación de Dios, le había tocado en lo más hondo, que Dios había venido a buscar.
Nosotros tenemos la tendencia de ocultar nuestros infiernos, tenemos la tendencia de hacer aparecer ante los demás la cara buena digamos, de Dios en nosotros, pero la cara buenísima de Dios en nosotros, la mejor de todas es aquella en que muestras: fíjate en que infierno estoy, y aquí ha venido Dios, ha nacido Dios, y así se cumple aquello que recordamos de San Pablo en la segunda carta a los Coríntios: "al que no tenía pecado, le hizo pecado por nosotros, para poner en el lugar donde estaba el pecado, en mi infierno la presencia de Dios".
Dios hace el cielo en mi infierno
Entender que en el lugar más hondo de mi pecado, donde me afectó el pecado original, allí Dios ha puesto su presencia, su morada, ha hecho el cielo en mi infierno, entender esto es entenderlo todo. Pues ese proceso de descender a mis infiernos, lo está haciendo el Señor, lo tiene que hacer poco a poco, porque como lo hiciera en serio, y de golpe, nos pasaría aquello que le pasó al cura de Ars, que una vez en su vida fue imprudente, y nunca sintió tanto lo que le pidió a Dios, le pidió a Dios que le mostrara su pecado, y dios se lo concedió, y estuvo toda su vida al borde de la depresión, ¿todos me entendéis?.
Cuando Dios purifica, cuando Dios ilumina, nosotros experimentamos una cierta forma depresiva, porque el yo humano se siente muy mal, al yo humano le bajan los humos, y se siente muy mal, se hace víctima, ¡pero Señor si soy tu hijo! ¿cómo haces esto?, unas quejas tremendas, y una sensación casi depresiva que en muchas personas de la Renovación yo he detectado, y que están asustadas diciendo: ¡que voy a ir a una depresión!, ¡no tengas miedo alguno!, esa depresión la conduce el Señor, la produce el Señor, y si la produce Él la conduce. la depresión de nuestro propio yo es una maravilla, porque es donde se está dando el verdadero crecimiento de Dios. Cuando yo decrezco Él crece.
Esta historia de santidad tenemos que ir enterándonos de ella los servidores, porque la gente está por ahí, y la gente sufre ahí, y por ese camino es por donde nos lleva el señor, y cuando veo a algunos servidores que dicen: "que mal está todo esto, que terrible es esto, aquí no se ve nada mas que pobreza", ¡ciego, guía de ciegos!, ¡tu no ves que la obra la lleva el Señor, tu no ves que Dios es luz!, y cuando Dios ilumina lo pobre humano, se ve mas lo débil. San Pablo lo pasó fatal, en este tema, ¿recordáis, la carta a los Romanos capítulo séptimo, lo recodáis?, tan mal lo pasó, que llegó un día a gritar al Señor: ¿quién me librará, de este cuerpo que me lleva a la muerte, quién?, se sentía tan mal, "por tres veces pedí al Señor que me quitase esa debilidad, por tres veces el Señor me dijo": "no te la quito porque mi fuerza se manifiesta mas, cuando tu eres débil". El misterio de la pobreza es un gran misterio, la hermana pobreza, es lo que somos, pero que nos es imposible aceptarla sin el don del Espíritu Santo.
Si nos miramos a nosotros mismo sin el don del Espíritu Santo, no tenemos salida, no rechazamos; si miramos solo a Dios, sin querer mirarnos a nosotros mismos, estamos en un fundamentalismo en el que está mucha gente de la Renovación, es un dios que está allá arriba pero que no toca mi carne. Para entendernos en este don y en este camino no tenemos otra salida que mirar al Crucificado, ahí está el amor de Dios amando, asumiendo en su carne la pobreza de todos lo seres humanos.
Ha hecho suya la pobreza humana, se ha identificado con ella, la ha hecho suya, y por lo tanto la pobreza humana, los abismos humanos, los infiernos humanos, están salvados porque están en el cuerpo de Cristo.
que preciosidad de don el don de Temor de Yahvé, respirar así, ayudar a los hermanos a entender esto, ayudarles cuando son débiles y tiene miedo, confortarles cuando creen que van por un camino distinto del Señor, orar por sus miedos para abandonarse a Dios, y no rechazarse así mismos, tenderles una mano cuando están por dentro a veces desesperados.
Pero todo esto normalmente no lo decimos, en este momento de la Renovación no lo decimos, a veces se dice en la confesión, a veces con algún hermano, pero en general en los grupos no lo decimos; fuimos transparentes hasta donde pudimos, sin gran escándalo de nosotros mismos, pero a partir de ahí hemos ido encerrándonos cada uno mas en su propio sufrimiento, y yo conozco personas que cuando vienen a predicarnos, siempre pomaditas, se siente mal, se siente mal, porque ellas están pasando por este camino que hemos dicho y hemos hablado y eso duele, ese camino duele, lo que nos dijo la madre Teresa a los sacerdotes en Roma en un retiro hace poco tiempo: "queridos hermanos, la santidad duele", y hay hermanos que están pasando por esas situaciones de pronto dicen: " para mi todo es sencillo, "para mi no se cuanto", "yo el sufrimiento", "yo que", " yo eso", "yo lo otro". Mira, vamos a dejarnos de historietas, que el problema que sucede en todos nosotros es la Encarnación de Dios en una carne que no está preparada para aceptarla ni para ser transformada, y que se revela, y que lo pasa mal, que esa es la Cruz de Cristo actuando en la carne humana, ahí está la salvación, ahí esta nuestra fe, ahí está el primer misterio de nuestra fe, vamos a dejarnos de historias. Y a esos niveles donde tenemos que llegar a compartir, a ayudarnos. Por eso San Juan de la Cruz dice claramente: este camino de la fe no lo puede vivir uno solo, porque no puede, ¡porque no puede!, porque se va, se acaba yendo. y Compartir la fe a estos niveles es la gran necesidad que en este momento yo veo, ¡igual estoy equivocado!.
Yo veo en los grupo de la Renovación Carismática, ¿para qué?, para que volvamos a experimentar en nosotros una alegría resucitada, un gozo resucitado, eso de que hablaba tanto Pablo VI, leer a Pablo sobre la alegría, leerle sobre el Espíritu Santo, leerle los discursos sobre la Renovación, y veréis como todos van por aquí, no podremos ser verdaderamente creyentes, y evangelizadores sin haber experimentado en nuestra carne, el poder de la Resurrección de Jesucristo, entonces es cuando nace de nosotros una palabra resucitada, una palabra viva, una mirada dice El profética, un viento en las velas que te lleva, eso es.
Pero de momento yo veo que estamos como en invierno, cuando la semilla está oculta y no acabamos de compartirla, compartir esas profundidades de la fe que desde luego no tienen nada de facilón ni de fundamentalista que no es eso, que hoy hay una corriente en la Renovación que en el fondo se está cargando la Cruz de Cristo, y la Cruz de Cristo tiene que actuar en mi carne, y cuando actúa la Cruz de Cristo en mi carne, evidentemente mi carne lo experimenta, mi carne lo siente y mi carne se estremece como la de Jesús, gracias a Dios, ¡cómo la de Jesús!, ¡claro!, ¿o es que vamos a ir por otro camino?, ¿o es que nosotros tenemos un camino que no tiene nada que ver con el suyo?, el del servidor.
Para que suceda este milagro y podamos compartir a los niveles que Dios quiere, nosotros necesitamos nuestra fe, es el primer don que necesitó Jesús para vivir, el segundo que es el don de Fortaleza, comprenderéis bien que nace de este, si somos así, estamos revestidos de tanta impotencia, ¿pues en quién podemos apoyarnos, ¿en quién?. Pues el don de Fortaleza es el don del Espíritu santo que consiste en que: si he vivido hasta ahora con el quicio de mi puerta sobre mi quicio, sobre el quicio de mi yo, y he experimentado que ese quicio es débil, que no puede, que tiene una impotencia radical para todo, entonces es apoyar mi puerta en el quicio de Jesucristo, estar seguros sólo de Él. Esto sería la síntesis del don de Fortaleza, el don que Dios nos da, de estar seguros sólo de Dios, no de nosotros, y esto lo vemos en las tentaciones de Jesús, ¿las habéis meditado en serio?. Jesús fue tentado con fuertes tentaciones, y vamos a ver, ¿cómo resolvió Jesús eso de ser tentado, cómo venció a la tentación?, ¿pronuncia alguna vez la palabra yo?, ¡no la pronuncia nunca, sólo habla del Padre, para vencer las tentaciones sólo habla del Padre!, y cita el libro precioso del Deutoronómio, que tenéis que leerle especialmente el capítulo treinta y dos, y este que cita a Jesús, el Deutoronómio es el libro sobre el Padre.
Jesús para vencer sus tentaciones que fueron poderosas, las que a nosotros nos atacan, y a los hermanos de la Renovación, ¡acudió al Padre!, no se apoyó en Él mismo para nada, no aparece ningún propósito, ¡que yo, que me esfuerzo, que lucho, que prometo, que voy a ver si nó!, eso que dicen los curas cuando estamos mal informados a la gente!, ¡pues hombre procura de no ir por este camino, procura no se cuanto, para superar esto tu haz el propósito de tal y procura no se qué, y procura no se cuanto!, y dejamos a los hombres en su propio quicio. Jesús en su vida pública tubo tentaciones, en su pobreza, ¡claro!, y admitimos la primera ¿verdad?, pues en la segunda el diablo le cita las palabras que cita su Padre en el Deutoronómio, dice: ¡no sólo de pan vive el hombre!, Dice mi Padre: ¡adorarás al Señor tu Dios y a Él sólo servirás!,¡y yo me fío!. que cosa mas distinta de nosotros, resulta que Jesús no puede con las tentaciones y por eso acude y se fía totalmente de su Padre, ¡ha dicho mi Padre esto y es verdad y me fío de Él, y así sucederá!, y el diablo yéndose le dejó. ¿Qué don tenía aquí Jesús?, pues el don de Fortaleza, que dice me fío totalmente de Él, no de mí, ¿no veis?. Alguna vez lo he contado, cuando leemos el acta de los mártires la história de Santa Felicidad, que ella estaba para dar a luz en la cárcel y el carcelero se reía de ella porque iba a dar a luz y daba gritos y gemidos, y le dice: el carcelero: vaya hombre tu la cristiana, y aquí quejándote y gritando y le dice Santa Felicidad que se parece mucho a Jesús, ¡claro! le dice al carcelero: es que ahora estoy dando a luz yo, pero mañana cuando me echen a mí a las fieras no me enteraré de nada de lo que allí va a pasar, porque me apoyo en otro poder, seguimos leyendo el acta de los mártires y dice: fueron echadas allí a las fieras, medio las destrozaron, pero no murieron, murieron después mártires, pero en aquel momento no, la curaron después, cuando volvió al conocimiento dijo: ¿y que ha pasado?. No se había enterado de nada. Santa Felicidad era santa ¿verdad?, funcionaba desde los dones del Espíritu Santo, ella estaba segura sólo de Él, de mí no, de mí soy débil, pero yo estoy segura de Él.
Otro don que necesitó Jesús es aquel en le cual Jesús nos enseña a orar, nos enseña a llamar a Dios Abba, papá, nos enseña que somos hermanos, nos enseña la familiaridad con Dios, San Pablo dice mucho familiares de Dios. La santidad en la vida consiste en la familiaridad con Dios, experimentarse cómo familia de Dios. Sabemos que Dios es familia ¿verdad?, que Dios es trinidad, que Dios es comunidad, y sabemos que Jesús pidió al Padre poco antes de morir, que esto sucediera entre nosotros, ¿verdad?, " Padre que estos de la Renovación sean uno, cómo tu y yo somos uno, para que el mundo crea,
Pues bien ser comunidad, es un imposible para nosotros, es un regalo de Dios, ¿pero nosotros hacer una comunidad?, ¡poneros a hacerla, y veréis como no, es que no sale, ¡no sale!; si la comunidad hace Dios mismo, está claro, es una obra que nosotros no podemos hacer, la comunidad es un don es un regalo, y entenderlo como un regalo y entender a los hermanos cómo un regalo, entender que Dios nos da su propia vida comunitaria, para vivir en nosotros sus relaciones comunitarias, entender esto es hacernos familiares de Dios, ¿veis?, es la gran revelación de la trinidad, es la gran revelación de la comunidad, es la gran revelación de que Dios tiene por objetivo sobre nosotros de introducirnos en la vida íntima de Dios.
Cuando leéis el documento sobre la Renovación
que los obispos de América, ciento cincuenta y pico que se reunieron,
de ejercicios, si lo leéis, comienza diciendo: la Renovación
Carismática tiene una vocación trinitaria.
yo recuerdo todavía los primeros testimonios,
oía muchos de aquí otros de otras partes, cuando recibieron
la Efusión, ¡anda! ¡si los que
veía antes de mala manera, resulta que son guapísimos, si
veo a los hermanos más guapos que antes, si es que no tengo ninguna
contradicción para quererles, si es que me parece una hermosura
todo el mundo!, eso lo he oído yo,
estoy harto de oírlo, ¿porqué?, pues Dios da ese don,
lo que pasa es que luego hay que purificarlo, hay que pasarlo por la Cruz
de Cristo para que en verdad
seguirá.........